viernes, 29 de febrero de 2008

Dichosos los que creen sin haber visto... esto es para el resto

Hola a todos!!
Dada la inmensa cantidad de cartas de nuestros lectores, llamadas por teléfono a nuestras operadoras y mensajes de texto al 7374 con la letra "H", la producción del blog ha logrado digitalizar algunas imágenes y videos. Cada vez se irán poniendo más interesantes... ahí van, con un pequeño comentario cuando lo merezca (las pueden agrandar cliqueando).


Momentos varios de la Cena Italiana (italianisches Abendessen) de hace una semana aprox. Los distintos platos.....




... y los comensales!



De I a D: Lisa (italiana), Cony (chilena), Maria Lucia (italiana/alemana) y yo.

Nótese la puerta al fondo de la cocina.

También le lleva video: Maria Lucia intenta explicar en alemán algo que Lisa no logra comprender y termina explicando en italiano. Los chilenos sólo reímos.


(Si no se ve el video: http://www.youtube.com/watch?v=pdKw5rpbzKg )





Estas fotos son del "I Congreso piscolero de Filósofos Chilenos en Alemania":





(Lucho, las fotos "naturalistas" no quedaron en la selección...)

Fotos del último domingo soleado en Heidelberg: la Altstadt, el río Neckar y demases.






Eso entonces pues. Ahí tienen para divertir la vista. Ya se viene una próxima entrega en los próximos días que se aproximan. Mis más sentidas condolencias a todos los fans del festival que se encuentran de duelo porque ya se acabó. Al resto también les mando un abrazo afectuoso y efectivo.
Cristián.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Video!!

Höla a todos!!

No tengo mucho tiempo para escribir ahora, pero les dejo un video de mi pieza y el departamento. Ya vienen más fotos y videos de la ciudad, la gente y una que otra cosilla simpaticona.




Un abrazo trasatlántico a todos!

Cristián

lunes, 25 de febrero de 2008

Vivir sin aire...

Mañana del sábado 23 de febrero de 2008. Max-Weber-Haus, Heidelberg, Baden-Württemberg, Deutschland. A la distancia suenan las campanas de alguna iglesia anunciando las 12. Dos chilenos y una italiana corren, junto a otros extranjeros, tratando de llegar a la hora. "Bueno" pensaban ingenuamente "si estamos llegando al mismo tiempo que suenan las campanas, quiere decir que estamos justo en la hora". Si supieran... A la entrada, espera un caballero alemán, con cara de "y ustedes qué se creen..." que nos redirige a una sala amplia, pero en ningún caso acogedora.

Cerca de 14 estudiantes, sentados todos en un círculo de escritorio, se miran las caras nerviosamente mientras nos entregan las hojas del Einstufungtest. Esto definirá nuestros destinos, al menos del próximo mes de clases que tenemos. Comenzamos. Parece que se entienden las instrucciones, pero los ejercicios no se ven nada fáciles. Es más, todo lo contrario: NO son fáciles. Me empiezo a quedar sin aire. La prueba se pone más y más difícil: si había tenido alguna idea en los primeros ejercicios, en los que vienen ya estoy casi jugando al tun-tun. Cada vez me resulta más difícil respirar. Aparecen verbos y expresiones que nunca había escuchado en mi vida. Hay poco aire. Intento tratar de tomar más aire por la boca, pero esto se está poniendo realmente complicado. Tras varios eternos minutos de sufrimiento, termina la primera parte y puedo ir corriendo. El resfrío me ha jugado una mala pasada y justo esa mañana estuve más congestionado que nunca, lo que no me dejaba respirar bien.

Más tranquilo, y ya sonado, puedo hacer la segunda parte de la prueba, que es interpretar un gráfico y escribir sobre un tema ("inequidad" en la educación alemana y comparación con tu país de origen). Tras pegarme varias voladas, inventar muchas palabras y rezarle a todos los patronos germanos de la gramática, entregué mi prueba justo a tiempo.

Ya les cuento cómo me fue...

Ese mismo día en la tarde, tuve una finísima cena italiana con mis Mitbewohnerinnen, en la que yo cooperé irremplazablemente moliendo los tomates para salsa. Quedó todo riquísimo, pero seguro que nada de eso habría sido lo mismo, sin mi molienda de tomates. (Ya voy a mandar fotos y videos de tal notable velada).

El domingo aparecieron por acá algunos viejos conocidos: Pato Domínguez, Lucho Placencia y la Marcela Espinosa (la señora de Lucho, que se gana becas para que el lindo pueda venir a Alemania a estudiar a las bibliotecas). Pato se quedó conmigo en el Wohnheim y el feliz matrimonio, en el depto. de Edgar, un chileno que estudia Filosofía acá en Heidelberg. Salimos a tomarnos unas cervezas -un domingo en la noche!- pero hasta tempranito, porque hoy lunes tenía mi primer día de clases. Las pinzas. Más encima, llegamos a la casa con Pato y la Cony nos pregunta si la acopañamos a tomarse una cerveza porque "sería demasiado alcohólica tomarse una cerveza sola". Como Pato y yo somos caballeros de la corte, no le podíamos decir que no a una requerimiento de esa naturaleza. Resultado final, los tres chilenitos acostándonos no antes de las 2.30 AM. Y eso que era hasta tempranito porque hoy habían clases.

Hoy lunes partimos al alba a.... ninguna parte. Partimos bastante después del alba a la Max-Weber-Haus los mismos tres del inicio del relato. Y al igual que al inicio del relato, llegamos tan justo pero tan tan justo a la hora, que llegamos tarde. Parece que los loritos y la angustia de la poca respiración me sirvieron de algo, porque me fue bastante bien en la prueba y quedé en el nivel más alto!! Oberstufe, mucho mejor de lo que hubiera esperado!! Obviamente, entré tarde a la clase -OK, sólo un par de minutos- y me dediqué a tratar de escudriñar el grupo humano que me tocó. Debo comentar que es realmente heterogéneo: por ejemplo, un tipo nacido en USA, pero que vivió siempre en Noruega, que tiene una pronunciación alemana realmente curiosa, la voz muy profunda y una expresión media de loco en la cara. Imagínense: con él tomé desayuno en el recreo, junto con una estudiante de leyes griega. Por el otro lado, un colombiano estudiante de traducción y una filósofa italiana. Un poco más allá, un tunisio y una niña de Chipre. En fin. Todo lo que es globalisierung. El curso hasta ahora parece ser bastante bueno y exigente: los ejercicios no son fáciles, pero creo que estamos todos en un nivel bastante parecido. Todos se pueden expresar bastante bien -sin perjuicio de que algunos sean más tímidos que otros- lo que hace todo bastante interesante.

Por la tarde me había quedado de juntar con Julia Stoyes y Matthias Heinrich, dos estudiantes de acá que habían estado en Chile el semestre pasado. Ella, cientista política y él, físico, lo que me auguraba que podría tener una interesante conversación, con mucho contraste entre las realidades chilenas y europeas, y todo el tipo de cosas que suelen salir en este tipo de intercambio. Qué manera de estar equivocado! El tema principal fue el carrete, el trago y las distintas expresiones para llamar a la caña o al aliento de borracho. Ojalá que no sea una muestra muy representativa de toda la realidad de la "juventud alemana", pero me huele que va por ahí la cosa...

Bueno, yo sigo todavía extrañado por la escasez de comentarios y la timidez de los lectores. También pueden hacer preguntas, inquieriendo detalles y dando chipe libre a las curiosidades más morbosas de la condición humana, que yo sé que todos ustesdes atesoran en el fondo de sus alcantarillas y que se mueren de ganas de preguntar. No, ése tipo de preguntas no creo que las responda, pero una que otra sí.

Eso pues, hasta la próxima entrega entonces.
Cristián

Coming soon...
- "I Congreso piscolero de Filósofos chilenos residentes en Alemania"
- El curso empieza a tomar forma
- Cristián conoce las bibliotecas.... y no sabe si saldrá alguna vez de allí
- Haciendo trámites: la burocracia alemana y la picardía del shileno

viernes, 22 de febrero de 2008

Primeros días, primeras impresiones

A diferencia de la gran mayoría de las ciudades alemanas, Heidelberg queda empotrada entre dos grandes colinas – que no alcanzan a ser cerros, al menos para quienes estamos acostumbrados a las alturas cordilleranas –, a saber, la Heiligenberg (“monte de los santos”, de donde toma el nombre la ciudad) por el norte y la Gaisberg (que no es el “monte de los gays”, sino solamente un nombre propio) por el sur. Por el medio cruza el río Neckar, que corre de este a oeste al igual que los autos que circulan por su costanera. La parte antigua de la ciudad, o Altstadt, queda por la ribera sur hacia adentro un par de cuadras y su calle principal –sospechosamente llamada Hauptstrasse – la recorre de punta a cabo, terminando en los edificios de la universidad, la iglesia del Espíritu Santo (Heiligengeist) y hacia la Gaisberg, el famoso castillo de Heidelberg, como si estuviera trepándose por la ladera. (Fin de la transcripción de la guía turística).

Pasan los días y ya me voy aclimatando por esta encantadora ciudad, musa de Hölderlin y tumba de Gadamer. A pesar de que estos bárbaros todavía no le ponen Hegelstrasse a la calle donde vivió Hegel, igual parece que aun les resta algo de cultura que les ha llegado por alguna parte. Por lo general, a diferencia de las grandes ciudades alemanas, la gente es muy amable y tratan muy bien al amigo cuando es forastero. Si calculamos que cada semestre llegan unos 1000 alumnos extranjeros de intercambio, muchos otros que están instalados de manera estable más todos los turistas – japoneses! – que vienen a sacarse fotos, el heidelberges Volk está bastante habituado a tratar bien a los que venimos a hurgar por acá.

En mi caso ya estoy plenamente instalado en mi pieza 113, en la Europahaus II. Ayer compré una lámpara de escritorio (o sea, una Schreibtischleuchter!) y parlantes para el PC / iPod, junto con otros accesorios varios. Por ahora parece que no va a ser para nada complicado vivir y estudiar acá, al menos por un tiempo. Tengo la biblioteca de la universidad – todavía me estoy aguantando las ganas de ir a conocerla personalmente – a unos cinco minutos a pie, la facultad de filosofía al lado de la biblioteca y la facultad de latín medieval al lado de la de filosofía. O sea, todo al ladito.

Ayer jueves llegó una nueva Mitbewohnerin (compañera de habitación) al departamento y… ¡oh sorpresa! Es la Cony Muñoz, estudiante de Derecho de la PUC, que ya nos habíamos conocido en Santiago. Ella está en la pieza 111, y compartimos cocina y baño. Es una niña bonita, simpática, entusiasta, comprometida, chilena y cocina: la compañera ideal. Por otro lado, está la desventaja que vamos a estar constantemente tentados a hablar en castellano – o más bien al revés, tenemos que hacer un esfuerzo especial para hablar en alemán entre nosotros, lo que se siente casi como un juego – pero con las otras dos italianas y la china – de las cuales sólo está una italiana, Maria Lucia – hablaríamos sólo en alemán. Al menos así ha sido con Maria, quien tiene un alemán perfecto: es de familia italiana pero ha vivido toda su vida en Mannheim y se vino a estudiar a Heidelberg. La otra italiana debería llegar hoy, y la china anda en China de vacaciones – recordemos que se acaba de acabar el semestre de invierno y que el semestre de verano parte en abril –.

Ayer también fui al edificio central de la Uni, el Carolinum (ver foto) a ver a Nicole Dorn, la coordinadora internacional de intercambio, que fue la pobre que estuve saturando con emails con preguntas insensatas (¿Y qué tal el clima? ¿Cómo lo hago para hacer esto? Y esto otro era así, ¿cierto?). La señora esta resultó ser tremendamente simpática, más aún de lo que daba la impresión por los mails, y quedó muy contenta con el regalito que le traje – un pequeño moai de porcelana, gentileza de Porcelanas Florencia –. Ella me reconoció incluso antes que la saludara – nos habían pedido fotos para las fichas – y tenía clarísimo quién era yo, mi situación (todo el asunto no beca pero sí beca, etc.), y sin ir más lejos, me presentó una alemana que venía recién llegando de intercambio de Chile. Me dio su mail y probablemente le escriba para hacer tándem o algo así. Con Nicole estuvimos conversando un rato, incluso sobre filosofía y sobre la ausencia de una imagen del hombre (Menschenbild) en la época contemporánea – ¿alguien se imagina alguna funcionaria de la PUC metiendo ese tipo de temas?– Obviamente le hice más preguntas administrativas, y luego me ofreció si quería en efectivo el primer pago de la beca. Qué me han dicho: partí corriendo a recoger la plata. Y cash. (Esos son de los momentos que a uno le baja la sudaquería extrema… mirando los billetes casi con obstinación, tratando de hacerla piola para que la señora de la caja no crea que eres un delincuente… o más bien, no se dé cuenta que eres un delincuente en potencia.).

El sábado, o sea mañana, tenemos que ir a dar el Einstufungtest (test clasificatorio) para el curso de alemán, en la Max-Weber-Haus (ver foto), la antigua casa donde vivió Weber, que ahora es un centro de enseñanza de alemán para estudiantes extranjeros. Queda al otro lado del río, a unos 15 minutos de acá a pie – según me han dicho, planeo ir hoy en la tarde a hacer reconocimiento del camino –. Como ya habrán inferido, Heidelberg es una ciudad absolutamente caminable, al menos la parte antigua y mucha gente – pero muucha! – circula en bicicleta. Los ciclistas heidelbergenses son especialmente hábiles para evitar autos, gente y obstáculos varios – coches con guagua, perros de ciego, japoneses sacando fotos, avisos publicitarios, chilenos recién llegados, etc. – por lo que andan a toda velocidad tanto por las calles peatonales como por las de autos.

Eso es lo que les puedo ir contando por ahora. Queda todavía pendiente una descripción más acabada del carácter alemán y de sus distintas costumbres, que me la guardo para cuando ya lleve algunas semanas más por acá. Mi salud está mejor, ya está retrocediendo el resfrío-del-que-viene-llegando-del-verano, pero me consuela saber que los alemanes también andan resfriados. O sea, estoy en la onda. Por último – dato freak del día – les cuento que acá los Red Bull son más baratos que en Chile!! Es muy frecuente que en los “pre-carretes” – que aquí se dice vorglühen – los lolos autóctonos le den duro al Red Bull mezclado con otras cosas (i.e. Red Bull-Vodka, Red Bull-Rum, etc.).

Les mando un abrazo muy grande a todos, para ver si me pegan algo del calorcito que están pasando por allá. Disfruten el festival de Viña y me cuentan cómo sigue Amor Ciego (¿todavía no han echado al metalero chanta?).
Pasándolo Schwein (chancho) me despido con un abrazo.
Cristián

miércoles, 20 de febrero de 2008

Homo viator - Homo heidelbergensis

Homo viator es una de las expresiones favoritas de Duns Scotus para referirse a la condición humana: somos hombres en viaje, en camino, peregrinos, puestos en una tierra que no es la nuestra y que no es nuestro destino final. No sé qué pueda tener que ver esto con mi llegada a Alemania, pero encuentro que es una bonita reflexión. Tarea de cada uno hacer el link...

Como buen viator, entonces, partí hace ya dos días desde Santiago. Cabe decir que el vuelo TAM Stgo - Sao Paulo, no sólo se demoró en hacer el boarding, y no sólo se demoró una hora en salir a la pista de despegue, sino que además se anduvo batiendo bastante. Me hice amigo de mi companero de asiento, Manuel Barroso, joven agrónomo en camino a Inglaterra, donde trabajaba revisando las exportaciones chilenas. Bastante simpático. Nos bajamos juntos en Sao Paulo, donde él tenía que esperar su conexión al lado de la mía. No sé si pueda decir que nos hicimos amigos, pero al menos si quisiera irme alguno de estos días a Inglaterra, tengo alojamiento en Maidtone, Kent.

El segundo vuelo fue ampliamente mejor que el anterior. Tanto así, que tengo pocos recuerdos: me lo dormí casi entero. La llegada a Frankfurt estuvo tanto o más agitada que el primer vuelo, ya que supuestamente tenía que tomar un bus que llega a Heidelberg. Viator Rodríguez se pone a dar vueltas por todos lados, con maleta, mochila, computador y bolso para obviamente NO encontrarlo. Terminales A, C, B y D me vieron pasar como un avión -por lo cargado que iba- sin obtener ningún resultado. Incluso, hasta varias veces me di vueltas por lugares donde ya había estado y gente que ya me había visto, me miraba con un rostro aún más extrañado. Finalmente, me rendí y me tomé un tren. Paradójicamente, me salió más barato el tren que irme en bus. La vida sigue siendo una caja de bombones.

Homo Heidelbergensis es el nombre de un homínido cuyos restos fueron encontrados por primera vez en las afueras de Heidelberg. Después evolucionó desde el homo erectus, pero antes del neandertal. Tampoco tiene que ver con el viaje, salvo que estuvieron acá. Una vez que pisé Heidelberg, igual que esos ex-erectus, me reuní con otro homo sapiens que me estaba esperando: Lucas Vicuña, doctorando de Neurobiología Molecular y hermano de Emilio, me fue a buscar y nos fuimos juntos a su departamento en Neuheimer Feld donde podría pasar la primera noche antes que me entreguen mi orgullosa pieza. Neuheimer Feld es la parte "nueva" de la Universidad, que queda hacia el lado norte del río Neckar y donde están los edificios científicos y médicos. Me llevé muy bien con Lucas, para no haber estado nunca antes con él. Resultamos ser muy similares en gustos de música, y compartimos una pasión de manera complementaria: a él le fascina cocinar y a mi me fascina que alguien me cocine. De hecho, su único encargo, fue que le llevara algún libro de cocina chilena. Como ven, nos llevamos salvaje. Muchas gracias Emilio por el contacto!

Hoy miércoles abandoné temprano y raudo del depto de Lucas, para ir en busca del InfoCafe International (con ese nombre puede ser cualquier cosa!). Ahí, después de varios minutos infructuosos de búsqueda, pude recibir las llaves de mi pieza. Obviamente que una vez que me dieron las indicaciones, no llegué a la primera, y como buen viator, me quedé viando varias cuadras hasta que finalmente pregunté. Lo curioso era que yo iba bien por la calle: tenía que llegar a Plöck 61. Plöck 64....Plöck 63.... Plöck 62-60 (sic)....Plöck 58....Plöck 57. Y precisamente en Plöck 58 estaba Europahaus III (mi residencia es Europahaus II). Entonces... o alguien se equivocó o a alguien no le fue muy bien en "Diseño de calles 1" o algo así. Para mi sorpresa, Europahaus II y, por consiguiente, Plöck 61 quedaba tres cuadras más abajo!! Y EFECTIVAMENTE AHI ESTABA!! ESTOS ALEMANES ESTAN LOCOS!!!

Tengo una pieza que comparte cocina con otras cuatro, y el baño con dos de esas cuatro. Es muy buena, y está bastante bien aperada. Eso sí, sin ninguna posibilidad de internet. Esto queda en el Altstadt, la parte antigua de Heidelberg, a cinco minutos de los edificios de la Universidad y de otros lugares históricos de Heidelberg. En esta calle no sólo vivieron Jaspers y Kuno Fischer, sino que el mismo Hegel estuvo viviendo acá entre el 1817 y 1818 (o sea, Hegel vio la independencia de Chile por Emol.com estando en Heidelberg!! Y en mi misma calle!!). Por ahora, hay sólo una italiana, María, en las otras piezas, pero llegará otra italia, una china y otra chilena... rayos.. acabo de cachar que seré el único hombre. Bueno, ojalá entonces que me cooperen con mi pasión de que-otro-cocine.

Eso sería por ahora. A modo de impresión general, puedo decir que llegar por segunda vez a Alemania tiene varias peculiaridades. Como bien acotó en su minuto mi amigo Roberto, no es el mismo encanto de la primera vez. Pero al mismo tiempo, acoto yo, tampoco tiene las ansiedades y las expectativas desatadas de la primera vez. Ahora ya conozco el lugar, conozco más o menos cómo es la gente y la cultura, etc. Por lo mismo, me he podido manejar mucho mejor con el idioma: no he tenido necesidad de recurir al inglés en ningún caso. Y déjenme aclara que tampoco he tenido sólo conversaciones estilo "donde queda la estación". Sin ir más lejos, todo lo que hablé con María, la italiana/alemana, fue en alemán y también estuve conversando harto rato con Nicola, una alemana bióloga compañera de laboratorio de Lucas.

En fin, la cosa se ve bastante bien. Sobre todo porque tengo el alemán mucho mejor de lo que pensaba. Antes de partir estaba con susto de que me bajara la timidez y no querer hablar, evitar a como diera lugar el diálogo, etc. Pero ahora, decidí adueñarme de la situación y mejor pasar una vergüenza por preguntar mal o hablar mal, que quedarme calladito. Y me ha funcionado macanudo. Ahora sólo falta empezar las clases, seguirme perfeccionando, conocer gente, hacer varios trámites con la ciudad, estudiar, viajar, conocer, vivir... en definitiva, seguir siendo un viator heidelbergensis.

Un abrazo grande... y pongan comentarios o manden mails!!
Cristián

lunes, 18 de febrero de 2008

me iré - me voy - me fui

Dice la historia...

Hacia 1386, cuando los aztecas ya estaban asentándose en lo que es hoy Ciudad de México, por encargo del Príncipe Elector alemán Ruperto I, el filósofo nominalista holandés Marsilio de Inghen funda la Universidad de Heidelberg, que habría de refugiar a los teólogos, filósofos y juristas disidentes del papado de Avignón, los cuales a su vez, habrían sido expulsados de la gloriosa Universidad de París. Su lema para la universidad será "semper apertus", ya que el libro del conocimiento está "siempre abierto". Luego vino la imprenta, la electricidad, The Beatles, don Francisco y las filas para cargar la tarjeta BIP. Pero la Universidad de Heidelberg sigue allí, semper aperta, sobre todo para los sudacas que deciden partir de intercambio.

Lo que por abril del 2007 era una mera idea, hoy empieza a corporizarse -se determina, para los hegelianos-. En definitiva, hoy, en algunas horas más, me subo al avión TAM que empujará mi humanidad hasta las tierras de los teutos (o deutschos, según otros autores) y hasta el reducto del connotado -mas nunca bien ponderado- Marsilius Inghensis. Y parto además, con la grata sorpresa que finalmente fui considerado digno para recibir la beca del Baden Württemberg Stiftung, que se me había sido negada tajantemente semanas atrás (la vida es como una caja de bombones).
Parto entonces a mi segunda travesía por tales tierras, esperando que pueda seguir aprendiendo el dialecto ese rústico que hablan por allá y confiando en que le pueda enseñar algo de filosofía a los trogloditas que abundan una nación tan subdesarrollada y culturalmente deficiente como la alemana. Imagínense lo atrasados que están, que en las bibliotecas se encuentran piezas y piezas enteras de libros que tienen más de tres o cuatro siglos de antigüedad. Calculen que una de mis principales preocupaciones será intentar ponerme en contacto con tales civilizaciones, por lo que tendré que volcarme al estudio de lenguas difuntas, como el latín. Espero no tener problemas para moverme en estas localidades saturadas de construcciones arcaicas (ojalá tengan agua caliente), ni para socializar con individuos de tan curiosos, de costumbres tan dignas de ser estudiadas.
No puedo más que coincidir con la profunda frase del sabio pensador y filósofo John Denver: "I'm leaving on a jetplane". Al partir, ni beso ni flor, ni ligero el equipaje para tan largo viaje. Todavía no comienzo a sopesar -y probablemente no lo haga hasta un buen tiempo más- lo que signifique estar 6 meses afuera. Intento recordar qué estaba haciendo hace 6 meses y se me hace que fue una eternidad y media atrás. Imagínense, si la vida es eterna en cinco minutos... ¿¿cuánto será un semestre?? Pero tampoco me importa mucho: hoy por hoy, me quiero subir al avión directo a Brasil-muy probablemente sin rubia-, hacer el trasbordo y estar definitivamente en Francfort. Nada más de "preparativos de viaje" sino viaje in eo ipso!!
No hay mucho más que contar sino compartir estos últimos momentos, de rara intersección entre ansiedad, alegría, algo de incertidumbre, unas cucharaditas de pena, todo esto revuelto por los próximos días que me esperan de movimiento, trámites, instalación, asentamiento, aclimitación, generación de redes sociales, introducción en la visión de mundo, et ceterae. Sólo resta dejar un abrazo muy grande, especialmente a aquéllos con quienes no alcancé a despedirme pesronalmente. Ya estaré mandando, por este mismo método, fotos, videos, aventuras y sobre todo, penshamientosh del viaje para, de alguna manera, poder hacerlos partícipes de esta oportunota que la Providencia me propone. Iré detallando sobre la vida allá, la universidad, los teutones, sus rituales y su precaria cultura. Espero sus comentarios, acotaciones, preguntas, etc. al blog y correillos personales, para que estemos comunicadirijillos y podamos paliar - o apalear - la ilusión de la distancia.
Un abrazo muy grande a todos.
Cristián